martes, 27 de octubre de 2009

Octubre con toda la Alianza: Asturias

Del Octubre asturiano se ha escrito mucho y por todas las tendencias. Aquí, como ya se indicó, sólo se hablará del papel de la Alianza. Este papel lo reconocieron todos, menos los anarquistas de fuera de Asturias, que en su literatura se refirieron más bien al pacto CNT-UGT que a la Alianza, cosa en la que persistieron hasta treinta años más tarde.
La función de la Alianza fue doble. Por un lado, insurreccional y, por el otro, administrativo, de poder.
El 4 de octubre, a medianoche, un delegado de la UGT visitó al delegado de la CNT en el Comité de la Alianza Obrera de Gijón y le comunicó que al día siguiente, por orden de Madrid (es decir, de la UGT-PSOE) comenzaría un movimiento huelguístico en toda España, Las órdenes no eran de insurrección, sino de huelga1.
En un informe confidencial cenetista sobre los hechos de octubre, escrito poco después de ellos, se decía a este respecto2:

«Cuando hay mala fe en uno de los partidos "pactantes", lo que había sido formalizado en documentos escritos suele perder todo valor. Los socialistas querían absorber a los demás aliados con la revolución y utilizaba el Frente Unido y precipitarlos al abismo que liquidaría todos sus esfuerzos. Dos días antes del primer estallido, los comunistas clamaban desesperadamente desde su diario porque, aunque incluídos en el Frente Unido, no sabían nada de lo que planeaban los socialistas y exigían se les dijera dónde les iba a mandar. Los compañeros de Asturias que formaban la Alianza no supieron absolutamente nade de cuándo iba a declararse la revolución (según aseguró un compañero asturiano que tomó la palabra en el Comité Revolucionario de Oviedo el 13 de octubre) hasta dos horas antes de entrar en acción."
"Es más, el Comité Revolucionario Socialista no dio a los compañeros ningún puesto, y ni siquiera reconoció la promesa formal, y firmada, de la Alianza. La irritación de los confederales de Gijón y Oviedo cuando supieron las artimañas socialistas es indescriptible [...]
"[...] Si los socialistas creían sinceramente que el desastre de la Revolución suponía la implantación del fascismo, eran unos perfectos criminales por no conectar con la CNT desde el principio..."»

Pero la CNT de Gijón y otras organizaciones de la Alianza no se conformaron con la huelga. La Alianza se apoderó de la ciudad -en realidad, claro fueron fuerzas cenetistas las que inmovilizaron a los 2.000 hombres de la policía y la guarnición. Gijón era punto clave, pues por allí podían llegar refuerzos gubernamentales (y por allí llegaron, en efecto). Los socialistas de Oviedo se negaron a entregar armas a los cenetistas de Gijón y el resultado fue que el día 10 de octubre las tropas gubernamentales desembarcaron en el Musel y dejaron a las fuerzas revolucionarias entre dos fuegos y aisladas del resto de la Península.
En Mieres, los mineros neutralizaron a la guardia civil y formaron un comité revolucionario con socialistas, anarquistas, bloquistas y comunistas. Este comité organizó la vida de la comarca y las milicias que debían ir a la toma de Oviedo, donde los socialistas no habían logrado apoderarse de la ciudad.
La Alianza, pues, había transformado en movimiento revolucionario lo que la UGT quería que fuese sólo una huelga de protesta. La Alianza Obrera dio a esa revolución su estructura, porque los comités que se formaron en todas las localidades donde dominaban los revolucionarios fueron de alianza, -incluso cuando no tenían ese nombre-. La Alianza se había constituído, espontáneamente, por la fuerza de las circunstancias, en segundo poder -que en algunos lugares y por algunos días fue el poder único-. Se hicieron algunos experimentos sociales. En La Felguera, donde dominaba la FAI, se proclamó el comunismo libertario, se abolió el dinero y se socializaron los medios de producción. En otros lugares, sin proclamarse nada, se socializaron los medios de producción. Los comités hicieron funcionar los pueblos y ciudades y la producción; la vida no se interrumpió. Los problemas prácticos de la revolución fueron solucionados sobre la marcha por comités en que había representantes de todas las organizaciones obreras, desde las poderosas CNT y UGT, hasta le débil Partido Comunista y los muy débiles BOC e Izquierda Comunista.
Hubo roces, ciertamente. Por ejemplo, la CNT se indignó cuando se formó en Mieres un Comité de Guerra para organizar las milicias, separado e independiente del Comité Revolucionario. Esto era una maniobra comunista para tratar de hacerse, con su mayor disciplina, con el mando de las fuerzas armadas revolucionarias.
Indica Grossi que si bien los anarquistas rechazaban la idea de la dictadura del proletariado, en cuanto se constituyeron los comités fueron los delegados anarquistas en ellos quienes exigieron más severidad y disciplina3. Esto contribuyó, sin duda, a que marcharan bien las comisiones de abastos, de justicia popular, la producción. "La Alianza obrera (...) fue un instrumento de probada eficacia"4.
"En Asturias" dicen unos autores muy posteriores y nada simpatizantes con el movimiento5 "se marcha bajo la bandera de la Alianza Obrera. Anarquistas, BOC y comunistas se han unido [a los socialistas], antes o después y más o menos sinceramente, al frente revolucionario. En nombre de esa participación, sus opiniones han de contar en las directrices que se señalan. Como solución se adoptó la fórmula de los comités. Era la concreción práctica de los principios sustantivos de la Alianza."
Los comunistas, que se adhirieron a la Alianza ya cuando los comités se estaban formando, es decir, en plena acción, trataron de atribuirse luego el mérito de todo ello: "La unidad sellada en las Alianzas Obreras, que en el transcurso de la lucha se habían convertido en algunos lugares en Alianza Obreras y Campesinas, como preconizaba el Partido Comunista, fue la clave de la glorioso lucha de los obreros asturianos, que durante quince días tuvieron en sus manos el poder"6.
Cuando Ramón González Peña, diputado socialista asturiano, comparece ante el Consejo de guerra que lo condenará a muerte declara que había tomado parte en el movimiento por disciplina "para cumplir acuerdos de los comités de Alianza Obrera"7.
El Partido Comunista supo capitalizar su participación tardía. "En vez de destacar este juego [el de haber llegado último a la Alianza Obrera y a la insurrección], la derecha, ciega de odio represivo, identificó al comunismo con todo el proceso revolucionario (lo cual era incierto). Con ello hizo la gran propaganda al partido que se iba a apoderar de la herencia de octubre", escribió Ricardo de la Cierva, y Prieto dijo: "Sin reparar en importantes factores psicológicos, contribuimos todos a hinchar el coco comunista y las derechas supieron valerse de tan vácuo inflamiento"8.
La Alianza, pues, estuvo en el centro de los acontecimientos de Asturias. Lo que pertinazmente se negaron a ver los propios dirigentes del movimiento obrero español, cegados por el patriotismo de organización, lo vio claro un observador extranjero9.
"La Alianza Obrera resultó ser allí algo más que mera palabrería revolucionaria, aunque la unidad dejó mucho que desear a nivel superior. El octubre de 1934 se vieron dos cosas en Asturias: primerio, el poder que llegaban a tener los trabajadores cuando se unían de veras; segundo, las lecciones de los experimentos de reorganización social y económica, que tendrían notable prologanción en 1936."
Asturias fue, en cierto modo, el ensayo general de julio de 1936 en Cataluña y Levante. La Alianza Obrera, responsable de Asturias, lo fue también sin existir formalmente, de las colectivizaciones, las milicas y la derrota de los alzados en los puntos clave de España.

1John Brademas: "Anarcosindicalismo y revolución en España, 1930-1937", pág. 147.
2John Brademas: "Anarcosindicalismo y revolución en España, 1930-1937", pág. 147-148.
3Manuel Grossi: "La insurreción de Asturias", pág. 168-169.
4Juan Gómez Casas: "Historia del anarcosindicalismo español", pág. 185.
5J.A. Sánchez y G. Sáuco: "La revolución de 1934 en Asturias", pág. 103
6"Historia del Partido Comunista de España", pág. 92.
7Largo Caballero: Mis recuerdos, pág. 158. González Peña, así como su compañero el también diputado Teodomiro Menénez, vieron sus penas de muerte conmutadas, tras una larga disputa entre el presidente Alcalá Zamora, que quería firmar la conmutación, y los ministros de la CEDA, que se oponían a ella.
8M. Cantarero del Castillo: "Tragedia del socialismo español", pág. 158.
9John Brademas: "Anarcosindicalismo y revolución en España, 1930-1937", pág 147.

Extraído de: "La Alianza Obrera: Historia y análisis de una táctica de unidad en España", Víctor Alba.
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