miércoles, 25 de febrero de 2009

La comuna de La Felguera

Es sabido que la historia siempre la hacen los vencedores, limando lo que no interesa y exagerando en beneficio propio aquellos actos de los que se puede sacar algún rendimiento publicitario. Esto no es nuevo, pero hay que decir que entre los perdedores también hay clases. De manera que en un episodio tan controvertido como el de la Revolución de Octubre siempre se da por hecho que los protagonistas más esforzados fueron los obreros marxistas, olvidando al otro gran bloque ideológico de la época: los anarquistas, que, arrastrados por el rodillo de los tiempos, parece que nunca existieron, y sin embargo -pongamos las cosas en su sitio- su esfuerzo fue al menos igual que el de sus compañeros.

Pero son tantos los mitos que nos han hecho creer que a veces resulta difícil aceptar lo que leemos en las hemerotecas, y si no vean el ejemplo: un panfleto distribuido en las Cuencas el día 4 de octubre de 1934, es decir, 24 horas antes del inicio de la revolución: «¡Trabajadores! No os dejéis engañar por ese falso camino que os brindan para la unidad. Vuestros jefes os traicionan. La Alianza Obrera es el nervio vivo de la contrarrevolución. ¡Abajo la Alianza Obrera de la traición!»

El texto no nos sorprende hasta que leemos su firma: el Partido Comunista, que se opuso a la Alianza desde su constitución y que cuando comprendió que el movimiento era imparable se convirtió en su mayor defensor. En fin, hoy no voy a escribir sobre los aspectos militares de aquellos días ni sus consecuencias, que ya han sido analizados hasta la saciedad, sino sobre un punto que casi no tocan los historiadores que se refieren al 34 y que por su interés merece que alguien le dedique un trabajo más serio: la organización de la Comuna de La Felguera, una de las escasas ocasiones que se conocen en que los anarquistas pudieron poner en marcha su modelo de sociedad sin autoridad.

Apenas dos semanas de lucha y de revolución, pero en las que se evidenció el contraste que entonces existía entre las dos Cuencas. En el Caudal, zona de dominio absoluto de la UGT, se impuso la idea de la disciplina férrea y de lo que debería ser la dictadura del proletariado, con la abolición de la propiedad privada y la sujeción a las normas que se dictaban desde el Comité, e incluso en Sama también se dispuso la misma obediencia y la disciplina a las autoridades «militares». Sin embargo, en La Felguera -la única zona de Asturias, junto a Gijón, en la que eran mayoría los anarcosindicalistas de la CNT- se proclamó la anarquía. Dos ideas muy distintas, pero luchando en el mismo bando: el comunismo autoritario y el comunismo libertario.

Avelino González Mallada, que fue secretario nacional del sindicato en 1925 y más tarde alcalde de Gijón, escribió a este respecto: «Los trabajadores de Sama que no pertenecían a la religión marxista preferían pasar a La Felguera, donde al menos se respiraba. Allí estaban en presencia los dos distintos conceptos del socialismo: el autoritario y el libertario; a cada orilla del Nalón las dos poblaciones hermanas gemelas iniciaban una vida nueva: por la dictadura en Sama; por la libertad en La Felguera».

¿En qué consistía esto último? ¿Cómo era posible organizar una sociedad sin jefes ni autoridades y en la que cada individuo era dueño de sí mismo? Para empezar, todos debían ser iguales, y como la mayor causa de desigualdad es el dinero, pues había que hacerlo desaparecer. Alguien puede pensar que aquella disposición fue una postura cómoda para quienes nada tenían y que se hizo de cara a la galería, pero el caso es que se llevó al extremo. Es inmoral meter en el mismo saco lo sucedido en los diferentes pueblos de Asturias; es cierto que en todos la economía se basó en la distribución de vales, pero hay que saber que mientras las tropas de Ramón González Peña se incautaban del dinero depositado en el Banco de España, cuando la columna anarquista llegó a Infiesto rechazó abrir las cajas fuertes de los bancos locales en el convencimiento de que la moneda ya era cosa del pasado burgués. Increíble desde nuestro punto de vista y también desde quienes entonces ya sabían que la utopía no podía llegar lejos, ni aunque se ganase la revolución.

Conocemos la estructura de la organización social de aquellos días por el recuerdo de sus protagonistas y el testimonio de Manuel Villar, entonces director de Solidaridad Obrera, el órgano de la CNT de Cataluña: se formó un comité de abastos encargado de recoger y almacenar los productos de primera necesidad, y otro de distribución que los repartía a las familias según el número de bocas a alimentar.

Las requisas llegaron hasta los concejos vecinos y se centralizaron en almacenes para su reparto entre la población; para ello se utilizaban vales en los que figuraba el valor del canje en pesetas, aunque se aclaraba que «se hace así con el objeto de racionar mejor el consumo, quedando, por lo tanto, suprimida la circulación de la moneda».

Se nos ha contado, incluso por autores de izquierda, como los firmantes de la «Historia general de Asturias», dirigida por Paco Taibo II, que los comités de La Felguera «actuaron como autoridad indiscutible, no sujetos a ninguna otra forma de voluntad colectiva, a ninguna asamblea o reunión». No es cierto: los testigos -cada vez menos por la razón del tiempo inexorable- recuerdan perfectamente el funcionamiento de las asambleas populares y citan lo ocurrido en Nava o Valdesoto, donde se convocó al pueblo para contar y extender la experiencia felguerina, que fue aceptada de inmediato.

La sanidad y la atención a los heridos en combate se dejaron también en manos del colectivo sanitario, que organizó el servicio a su conveniencia, de forma que siempre hubiese retenes disponibles, y todos los vehículos -incluidos los particulares- pasaron a disposición del comité, que, dadas las circunstancias, autorizaba los viajes disponiendo de su propia brigada de conductores.

Un asunto prioritario fue el mantenimiento de la actividad en las minas y en los talleres de Duro Felguera, donde nunca dejaron de funcionar los hornos ni la distribución eléctrica, ampliándose además el trabajo para blindar camiones y fabricar un combustible basado en una mezcla de benzol y gasolina. En las escuelas de la empresa quedó establecido el cuartel general de los revolucionarios, y en la Escuela Industrial, la cárcel.

Como en otras partes, la iglesia parroquial y los archivos municipales fueron incendiados, pero aquí el trato a los mandos empresariales también fue distinto: desde el primer momento el director y los ingenieros de la fábrica fueron tratados con respeto y se les informó de su condición de compañeros e iguales y de la necesidad de sus servicios en la nueva sociedad que se estaba creando; sólo se demandaba su trabajo para ser considerados como uno más. Cuando todo acabó y el Ejército estatal llegó a la cuenca del Nalón, los propios directivos manifestaron la tranquilidad que siempre habían sentido y su respeto por «la hidalguía del pueblo de La Felguera».

Una experiencia breve e increíble desde el punto de vista del siglo XXI, que sirvió para otro intento de mayor calado: durante la guerra civil la CNT decidió abolir la propiedad en la zona rural que controlaba en Aragón y algunos pueblos del Levante. Llegaron a funcionar, a pesar del desarrollo del conflicto bélico, más de 450 granjas colectivas y en un año se logró poner a producir el 40 por ciento de las tierras incultas de la zona, atendiendo la economía sin utilizar otra cosa que el intercambio entre cooperativas y la distribución de la producción.

Finalmente, este modelo de sociedad libre, único en todo el devenir de la humanidad, fue aplastado por las columnas comunistas de Enrique Líster y de El Campesino. Y que cada uno asuma su historia.
Este julio nos dejaba, a los 91 años, Avelino F. Cabricano, uno de los últimos luchadores de La Felguera, que se mantuvo fiel a la Idea hasta el final. Sólo lo vi en una ocasión, hace un par de años, asistiendo en La Felguera a un acto en el que tuve el honor de intervenir, en el que se homenajeaba a Aquilino Moral -otro de aquellos cíclopes que dedicaron su vida a la Utopía-; más tarde supe de su vivencia, y ahora siento, como en otras ocasiones, la sensación de la oportunidad perdida. A él quiero dedicarle hoy este artículo. Alguien dijo una vez, y si no lo digo yo ahora, que los mejores archivos de las Cuencas están en sus cementerios.

Xuán Cándano

Publicado en: La Nueva España 28 de Agosto de 2006

jueves, 12 de febrero de 2009

Conoce la okupación

¿POR QUÉ?

Por que el disponer de espacios en los que convivir diaria y libremente es una necesidad vital. Porque hay casas que permanecen vacías durante años y años tan solo para dar, en un futuro, más dinero a quien ya tiene de sobra. Porque le damos vida a esas casas y naves, creamos puntos de encuentro agradables, porque no tenemos ningún otro interés que ofrecer un servicio. Un servicio a nosotros y un servicio a la comunidad. Porque al repartir la riqueza hacemos un mundo más justo e igualitario, porque no hay derecho a que quien haya acumulado dinero a nuestra costa por medios, no ya inmorales, sino incluso ilícitos tiene el deber de devolvernos, a todxs, lo que nos ha quitado. Porque no somos delicuentes, somos restauradores de la vida social. Por todo esto, y mucho mas, la ocupación es una alternativa rápida, justa y eficaz.

¿COMO?

Es tan sencillo como ojear las casas que llevan años vacías. Una vez que hemos escogido unas pocas, las mas habitables y factibles por muchas razones, nos debemos dirigir al registro de la propiedad, para informarnos de quien es el propietario del espacio abandonado y las obras y proyectos que tiene para el local. Si encontramos una respuesta positiva todo sera ponernos manos a la obra. La única pega es que para los políticos y para las Policías, rehabilitar espacios abandonados es un delito. Usaran su justicia para tratar de echarte de el que es, ahora, tu hogar. Tu reacción ahora es totalmente personal.

EL CENTRO SOCIAL Y LA VIVIENDA

Hay dos fines posibles cuando se okupa una casa: el centro social y la vivienda. El centro social da vida al barrio. Se organizan talleres para enseñar al resto lo que cada uno sabe hacer, desde artesanía hasta informática, pasando por todo aquello que entre todos sabemos y es útil para los demás. Os invitamos a proyecciones de películas, a espichas y comidas populares, a veladas, verbenas, actuaciones y conciertos. Coordinaremos también la forma de solucionar de verdad los problemas de nuestro barrio. Y todo esto, por supuesto, desde el más absoluto e inviolable respeto a los vecinos y al barrio. Este es el primer principio que nunca, bajo ningún concepto, nos saltaríamos.

Planteate todo esto, piensa sobre estas razones que te damos y actúa en consecuencia. Si te parecen razonables, solidarízate y apoyanos de cualquier forma, todas son válidas, no nos prejuzgues.

CUANDO VIVIR ES UN LUJO

OKUPAR ES UN DERECHO

Asamblea Okupa de Xixón

[Tríptico difundido por la A.O.X. en 2005]

martes, 3 de febrero de 2009

Avelino González Mallada

Avelino González Mallada nació en Gijón el 7 de agosto de 1894 y quedó huérfano cuando aún era muy niño (6 años y medio). Quedó al cuidado de una abuela y fue a la escuela muy poco tiempo ya que comenzó a trabajar cuando sólo contaba 11 años en la fábrica Laviada, y a los 14 años en el Dique, donde tuvo sus primeros contactos con el movimiento anarquista. Su formación fue autodidacta.

En 1911 ingresó en la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y poco después fue despedido del Dique. En tales circunstancias emigró a París (1915), donde estuvo hasta comienzos de 1919. Incluido en las listas negras de la patronal gijonesa, no encontró trabajo en esa ciudad por lo que se trasladó a La Felguera, donde había por entonces un importante núcleo anarquista, especialmente en Duro Felguera. Allí se encargó de una escuela tutelada por la CNT en Frieres.

En 1922 volvió a su Gijón natal y obtuvo el título de perito mercantil. Habitual colaborador en prensa, dirigió el periódico Vida Obrera. A partir de 1926 se incorporó como maestro en la Escuela Neutra que había fundado y dirigía el maestro anarquista Eleuterio Quintanilla. Proclamada la República se le encomendó la dirección del periódico libertario Solidaridad y, luego, de CNT de Madrid. En 1933 dimitió como director de esta última publicación, aunque continuó como redactor.

En el debate surgido en el seno del movimiento libertario sobre la conveniencia o no de participar en la Alianza Obrera, en 1934, fue uno de los defensores de la participación. Volvió a Asturias en 1935 y se encargó de la secretaría del Comité Regional de la CNT.

Al producirse el levantamiento militar de julio de 1936 formó parte del improvisado Comité Provincial del Frente Popular que se reunió con el gobernador civil en Oviedo y posteriormente de la Comisión de Defensa que se formó en Gijón para poner freno a la rebelión militar. Posteriormente fue miembro del Comisariado de Guerra en representación de la CNT.

El 15 de octubre de 1936 fue elegido alcalde de Gijón por una gestora integrada por todos los sectores de la vida política y sindical. No fue la suya una gestión de trámite, sino que acometió una importante remodelación de la ciudad, para la que llevó adelante el derribo de varios edificios, entre ellos el mercado de Jovellanos y el Hospital de Caridad, para permitir una posterior reforma urbana.

Al entrar los nacionales en Asturias consiguió trasladarse a Barcelona, donde permaneció desde octubre de 1937 a febrero de 1938. En esa fecha fue nombrado delegado especial del Consejo General de Solidaridad Internacional Antifascista y se trasladó a Estados Unidos a recabar ayuda. En ese país murió en un accidente automovilístico el 27 de marzo de 1938.

Publicado en: La Guerra Civil en Asturias, VVAA. La Nueva España / Cajastur, 2006.
Digitalización: El cielu por asaltu

viernes, 30 de enero de 2009

"Democracia Obrera Revolucionaria", de Orobón Fernández

"La plataforma de alianza"

Hemos llegado al aspecto más delicado del problema. Lo primero que conviene dejar sentado es que ninguna de las bases doctrinales específicas de cada movimiento pueden servir de plataforma a la unidad. La conjunción buscada es una imposición táctica de circunstancias excepcionales a las cuales hay que sacrificar particularismos teóricos inflexibles. Si cada tendencia se empeñare en mantener su propia declaración de principios como molde obligado de la alianza, ésta sería prácticamente imposible. Hay que buscar, pues, un terreno neutral para el pacto. Cierto que este terreno ha de ser tan firme que pueda resistir sin resquebrajarse el peso y las consecuencias de la unidad.

El acuerdo de carácter táctico es el que ofrece menos dificultades, ya que todos los sectores coinciden en apreciar la gravedad de las actuales circunstancias, y sólo habría que discutir y concretar detalles de modo y oportunidad.

Donde surgen escollos no tan fáciles de orillar es en la orientación a seguir después del hecho anecdótico. Largo Caballero habla de “la conquista íntegra del poder público”; los comunistas quieren la implantación de la “dictadura del proletariado”, y los anarcosindicalistas aspiran a instaurar el “comunismo libertario”, utilizando como células esenciales el municipio rural y la organización obrera industrial. Aquí los términos difieren bastante entre sí, siendo de notar que mientras socialistas y comunistas resumen su programa en consignas exclusivamente tácticas, representadas por las figuras políticas “poder público” y “dictaduras”, los anarcosindicalistas ofrecen en el suyo un sistema social peculiar y completo.

De estos tres puntos de vista hay que quitar todo lo que mutuamente tengan de refractario e incompatible. Sólo así se podrá hallar la necesaria línea de convergencia, de cuyo logro y mantenimiento depende el triunfo permanente y ascendente de una revolución proletaria.

Desde luego, hay que desechar las fórmulas “conquista del poder público” y “dictadura del proletariado”, por ser características demasiado parciales y enunciados insuficientes del contenido práctico de una revolución social. El proletariado español desconfía hoy mucho, y con razón, de los simples trueques de poderes. Después de la experiencia de 1931, exige que el fruto de su lucha se traduzca en transformaciones más tangibles, positivas y profundas.


Democracia obrera revolucionaria.

Puesto que en el fondo, y según reconocimiento explícito de sus principales teóricos, también los socialistas y comunistas aspiran, como última etapa de su desarrollo, a un régimen de convivencia sin clases ni Estado, una de las bases de la alianza deberá estipular el avance en este sentido hasta donde sea posible. Es decir, que con el nuevo orden social no han de crearse órganos coercitivos a la ligera y por el capricho de ajustarse al recetario artificioso de una tendencia, sino sólo los resortes estrictamente indispensables para el encauzamiento eficaz de la labor revolucionaria. Todo el engranaje gubernamental y represivo del viejo sistema debe desaparecer sin dejar raíz. Para aplastar al enemigo de clase no se precisa implantar una dictadura crónica, sino usar adecuadamente de la “violencia revolucionaria” que preconizaba Bakunin para el período de transición.

El burocratismo y el bonapartismo, amenazas latentes de toda revolución, se evitan poniendo la revolución en manos del pueblo laborioso, suscitando la emulación de las grande multitudes para defenderla y fecundarla.

Comoquiera que ninguna de las tendencias puede considerar defendible la tesis oligárquica de gobernar por encima de la voluntad de las masas proletarias, es lógico suponer que todas ellas han de mostrarse dispuestas a servir y acatar dicha voluntad como instancia suprema con lo cual desembocamos en una fórmula que creemos aceptable para todos: la democracia obrera revolucionaria. Esta base corresponde aproximadamente a la que en Baviera tuvo la República de los consejos obreros en 1919, en la cual, hasta el socialdemócrata Noske la ahogó en sangre, fue posible la colaboración de socialistas de izquierda, Ernst Toller; comunistas, como Eugen Levine, y anarquistas, como Landauer y Mühsen. La democracia obrera revolucionaria es una gestión social directa del proletariado, un freno seguro contra las dictaduras de partido y una garantía para el desarrollo de las fuerzas y empresas de la revolución .

En las actuales previsiones teóricas de los partidos socialista y comunista se está concediendo una importancia excesiva al papel del instrumento político en el proceso revolucionario. Resulta curiosa esta actitud de los partidarios oficiales del materialismo histórico, que debieran ver en la influenciación de la economía la piedra de toque de toda transformación social efectiva. Nosotros, a pesar del mote de utópicos que se nos suele adjudicar, creemos que el afianzamiento de la revolución depende, sobre todo, de la articulación rápida y racional de su economía. De ahí que nos parezca insuficiente una simple consigna de orden político para abarcar los problemas fundamentales de una revolución. Lo que hay que enfocar como esencial es la socialización de los medios de producción y la formidable labor de acoplamiento y organización que comporta el levantamiento de una economía de nueva planta. Y esto no puede ser obra de un poder político central, sino de las entidades sindicales y comunales, que, como representación inmediata y directa de los productores, son en sus respectivas zonas los pilares naturales del orden nuevo. Interesa recalcar de antemano que, aun subordinándose a un plan general técnico, la dirección de las funciones económicas, tanto en el orden local como en el nacional, corresponde a las colectividades obreras de las respectivas especialidades. Así, la revolución descansará sobre una red de células vivientes e idóneas, que impulsarán con entusiasmo y competencia la construcción del socialismo integral.


Líneas directrices.

Sería demasiado pretencioso querer prever y examinar una por una las muchas cuestiones que en el curso de una revolución han de surgir, y arbitrar para todas ellas soluciones apriorísticas. Lo que más importa es fijar desde ahora las líneas directrices de orden general que pueden servir de plataforma a la alianza, y de norma combativa y constructiva a las fuerzas unidas. A nuestro juicio, deben destacarse los siguientes puntos:

Primero. Acuerdo sobre un plan táctico inequívocamente revolucionario, que excluyendo en absoluto toda política de colaboración con el régimen burgués, tienda a derribar éste con una rapidez no limitada más que por exigencias de carácter estratégico.

Segundo. Aceptación de la democracia obrera revolucionaria, es decir, de la voluntad mayoritaria del proletariado, como común denominador y factor determinante del nuevo orden de cosas.

Tercero. Socialización inmediata de los elementos de producción, transporte, conmutación, alojamiento y finanza; reintegro de los parados al proceso productivo; orientación de la economía en el sentido de intensificar el rendimiento y elevar todo lo posible el nivel de vida del pueblo trabajador; implantación de un sistema de distribución rigurosamente equitativo; los productos dejan de ser mercancías para convertirse en bienes sociales; el trabajo es, en lo sucesivo, una actividad abierta a todo el mundo y de la emanan todos los derechos.

Cuarto. Las organizaciones municipales e industriales, federadas por ramas de actividad y confederas nacionalmente, cuidarán del mantenimiento del principio de unidad en la estructuración de la economía.

Quinto. Todo órgano ejecutivo necesario para atender a otras actividades que las económicas estará controlado y será elegible y revocable por el pueblo. Estas bases son mucho más que una consigna. Representan un programa, que recoge sintéticamente las realizaciones susceptibles de dar médula social a una revolución. Además de ser un cartel expresivo de las aspiraciones esenciales del movimiento obrero, constituyen un punto de coincidencia en lo fundamental para todas las tendencias.

De cualquier manera, con éstas o con otras bases, consideramos necesario establecer un acuerdo previo sobre los primeros pasos de la revolución. Con el compromiso solemne, claro está, de respetarlo íntegramente. Porque si para derrotar a un régimen enemigo es indispensable la unión de las fuerzas proletarias, lo es mucho más para asegurar el fruto del triunfo revolucionario y vencer las dificultades que puedan acumularse en el período inicial. La ruptura de hostilidades entre las diferentes tendencias en este período pondría en serio peligro la vida de la revolución. En interés de la clase trabajadora hay que hacer imposible tal eventualidad.


Palabras finales.

Cuanto queda dicho escandalizará acaso a los aficionados a cabalgar sobre purismos teóricos. Quizá se nos tache de herejes por no pagar tributo a rigideces dogmáticas en boga. No nos importa. Al emitir nuestra opinión sobre el importantísimo problema de la unidad hemos sido sinceros con nosotros mismos. Hemos visto la realidad sin las gafas ahumadas de preocupaciones y convencionalismos doctrinales. Se trata de una revolución y no de una discusión doctoral sobre tal o cual principio. Los principios no deben ser mandamientos de la ley, sino fórmulas ágiles para captar y moldear la realidad.

¿Garantiza nuestra plataforma de alianza el comunismo libertario integral para el día siguiente de la revolución? Evidentemente, no. Pero lo que sí garantiza es la derrota del capitalismo y su soporte político, el fascismo; lo que sí garantiza es un régimen de democracia proletaria sin explotación ni privilegios de clase y con una gran puerta de acceso a la sociedad plenamente libertaria. Todo esto nos parece más positivo que la metafísica pura y las teorías de monopolio y milagrerismo revolucionario.

La franqueza no es delito.

Valeriano Orobón Fernández

Publicado en: Diario "La Tierra", Enero de 1934.
Encontrado en: Alasbarricadas.org

domingo, 18 de enero de 2009

Asturies fiede

Compañeros:

L'encarcelamientu de Cándido y Morala supón un últimu pasu na ofensiva capitalista escontra la clas obrera asturiana, espresada a lo llongu los últimos 25 años baxo la forma d'una reestructuración y reconversión económico que, no fundamental, algamo los sos proponimientos. Esti ataque ye posible porque previamente se desarmo la clas obrera, estemandola de la so memoria y de la so concencia.

Tando fuera toa dulda el pasau combativu de los compañeros encarcelaos, habemos de manifestar qu'esti actu represivu nun busca castigar esi pasau, sinon qu'actúa a un nivel preventivu: toos sabemos que lo que s'escón tres d'esta agresión ye una operación espiculativa col terrén del astilleru, la so lliquidación como empresa y la fin d'una de les concentraciones más combatives del proletariau asturianu nes últimas décades; non en devaneu, la empresa propietaria l'astilleru, el grupu Orejas, nunca nun baso'l so negociu na industria, sinon na costrucción.

L'encarcelamientu de Cándido y Morala, y menos baxo los ridículos cargos imputaos, resultaria impensable hai sólo unos años. ¿Cómo pudimos llegar a esti estremu? En primer llugar la responsabilidá fuera toa dulda del PSOE y la UGT, col SOMA a l'antiguardia, qu'entreduxo el chantaxe de les prexubilaciones, aú entama esta desmovilización popular.

Nesto, como'n too, CCOO y IU-PCE nun foron más qu'ayudantes del verdugu, magüer a esconder les sos malentenciones riales (como vemos, tar nel poder a tou trance) con declaraciones grandilocuentes y chando mano del so pasau hestóricu pa xustificar la so actual vildá. El so grau de descomposición medra'n progresión xeométrica respeutu a la so cercanídá'l poder, como tamos pudiendo comprobar caberamente, hasta'l divertíu puntu de ver a los estalinistes, tres acusamientos de “purgues” (lo qu'hasta hai bien pocu constituía la miga de la so forma organizativa) pegase ente sí por un llocal y, tres la intervención policial refaciendo la paz, llegar a glayar, enllenos d'histerica militante, “equí vese la fuercia del PCE”: una fuercia arropada sólo poles fuercies de seguranza y los presupuestos xenerales del Estau.

Tampocu se llibren de culpa toles demás organizaciones de la esquierda, entamando pela propia Corriente Sindical d'Izquierdes, que foron siempres al rau de los sindicatos mayoritarios, y a la que-y falto valor y cualaquier analís mínimamente rigurosu, antefiriendo char tiempu y cansar a la xente obligándola a lluchar escontra molinos de vientu: tamos refiriendonos al monotema de la reindustrialización, una utopía demostrable hai ya munchos años, como venimos defendiendo. Nun menos grave ye la so responsabilidá a la hora de desactivar secciones sindicales abondo “incontrolaes” (minería) o al abandonar a los compañeros cayíos n'anteriores operaciones represives; claro qu'estos nun yeren llíderes, y les sos opiniones y actos resultaben inaceptables pa toos aquellos qu'entá tienen daqué que defender nesti mundiu, anque sía un pequeñu sindicatu.

Resultau de toa esta descomposición ye la plataforma “ciudadana”, na que malos artistes busquen los sos quince minutos de nombradía, que pidi que la democracia capitalista furrule bien, que'l capitalismu sía más xustu; que quier camudar un delegau del gobiernu por otru, que almite miembros del PCE y d'IU nes sos movilizaciones, que cai en tolos tópicos esquierdistes, dende'l victimismu hasta'l llamentu antirrepresivu etenru, y que representa en definitiva la versión progre d'esi terrorismu de la conformidá que mos intenten emponer.

Compañeros:

Esisten dos formes de sacar a los compañeros encarcelaos: un ye'l camín de las súpliques vergoñoses, de les peticiones respetuoses, de los trámites parlamentarios, del politiqueu. Anque se consiguiese sacar a Cándido y Morala de la cárcele, ceu-yos siguirán más, porque'l llistón represivu quedo mui baxu, y porque a la fin costituiría otra derrota más, la definitiva quicias. L'otru camín, que arriendes de sacalos de la cárcele supondría una vitoria pa la clas obrera, ye el de la autoorganización, l'enfrentamientu na cai y la llucha radical, enmarcando esta retruca nuna retruca más xeneral a esta Asturies posmoderna, enllena de museos y centros culturales, d'hoteles y prostíbulos, de policíes y camellos, d'autovíes y trenes d'alta velocidá, de principiegos y de temporaes d'ópera, tan ridícula como repunante, tan invivible como merecedora d'otra revuelta como les que los nuesos güelos protagonizaron a lo llongu del sieglu pasau.

Compañeros, espardamos por tolos medios estes conseñes:

PSOE-IU CARCELEROS
CÁNDIDO Y MORALA LLIBERTÁ YA
FUELGA XENERAL EN TOA ASTURIES YA!
LLUCHA CONTINUA CONTRA'L CAPITAL Y LOS SOS LACAYOS
ABAXO LA SOCIEDÁ DE CLASES
QUE COLEN TOOS

LOCAL CASA MARÍA

C/Postigo Alto 4 Oviedo Antiguo
AUTONOMÍA – AUTOORGANIZACIÓN – ACCIÓN DIRECTA
25 de Junio de 2007

sábado, 10 de enero de 2009

"1º de Mayo", de Ricardo Mella

¿No te sientes, obrero, un poco poeta, un poco loco, un poco dichoso? Mira que estamos en el gran día de las flores, de la resurrección de la vida. Mira que estamos en plena renovación, en plena savia, en pleno amor. Todo canta la gloria de Mayo florido.

Tú puedes, como las jovencitas que van a cantar sus virginales anhelos al pie del altar, tú puedes rendir tu culto de entusiasmo, de vigor, de energía, al dios de las victorias. Has vencido, y los cánticos de triunfo no estarían mal en gargantas de energúmenos.

Es también tu día Primero de Mayo. Tienes tu fiesta y tu icono. Diviértete, pero ríe, ríe, bebe, baila, canta: marcha en correcta y nutrida formación hacia el mañana dichoso. Tus héroes delante; delante tus pendones; llega a las puertas de la sinagoga autoritaria, reza tu anual plegaria, y vuelve a cantar, a danzar, a beber, a reír, a perorar, a divertirte. Tienes tu fiesta y tu icono. Es también tu fiesta el Primero de Mayo.

¿Sabes cómo se llama tu ídolo? Santa Rutina Te Ilumine. ¿Sabes lo que festejas y por qué lo festejas? Que la divina imagen de la esclavitud haga en tu cerebro la claridad de todas las verdades. Marcha, marcha como rebaño, como recua, como piara, tras tus pendones y tus héroes. Al final de la jornada, con la voz ronca, los huesos magullados, turbia la mirada, vacilante el pensamiento por el cansancio, acaso encontrarás yerto el hogar, dormidos tus amores, muertas tus esperanzas, fallidas tus locuras. La mísera realidad de tus miserias acaso barra de tu mente las oleadas de demencia y de poesía del florido Mayo. Has cumplido con tu deber de buen ciudadano, de obrero disciplinado, de fervoroso creyente. Y puedes dormir tranquilo.

Por los siglos de los siglos tu culto rutinario será infecundo. Tus procesiones como tantas otras mojigangas befa de las gentes. Un pasatiempo, una curiosidad un anacronismo, y nada más. Los unos dicen, los otros escuchan; aquéllos aplauden, éstos sonríen. Puede el jolgorio continuar. Pasados trescientos sesenta y cinco días repetirán la misma pantomima hecha con igual gravedad y aplomo. Por algo alcanzaste la cumbre de la capacidad política, de la educación cívica, del poder social. La domesticidad es el signo clarividente de la civilización.

¿No ves cómo tiemblan de pavor las adineradas gentes? ¿No ves los sobresaltos de los poderosos? En este día dichoso todo se conmueve: Estado, Propiedad, Iglesia, Milicia, Magistratura. Sólo tú eres sereno, magnífico, estamos por decir, mayestático. Eres el dueño del cotarro.

Pero. amigo mío, si no sabes más, si no quieres más, si nada más haces y pretendes, resígnate a ser esclavo por los siglos de los siglos, que bien te lo habrás merecido. El Primero de Mayo será tu INRI.

Ricardo Mella

Publicado en: Acción Libertaria, nº20. Gijón, 28 de abril de 1911.

lunes, 29 de diciembre de 2008

La Santina republicana

Hace 70 años, la Virgen de Covadonga salió del real sitio hacia Gijón y después fue llevada a París, bajo protección de las autoridades frentepopulistas.

Lo recogía sucintamente una copla popular entonada durante la guerra civil en Asturias: «La Virgen de Covadonga / ye pequeñina y galana / marchóse con Quintanilla / porque ye republicana». En efecto, a comienzos de 1937, hace ahora 70 años, la imagen de la Santina abandonaba el real sitio camino de Gijón, de donde partiría después hacia Francia.

Respetada en varios momentos de ese periplo por los mandatarios frentepopulistas de la Asturias republicana, la venerada imagen de la Virgen sobreviviría excepcionalmente a lo que el obispo Antonio Montero denominó -en su estudio «Historia de la persecución religiosa en España (1936-1939)»- «el martirio» de los bienes eclesiásticos.

Según dicha obra, serían 354 los templos totalmente destruidos en Asturias y 287 los parcialmente dañados. Los ajuares litúrgicos correrían la misma suerte y, en un país tan particularmente cultivador de la imagenería religiosa como España, las efigies de vírgenes, santos y otras figuras de piedad serían arrasadas. Un botón de muestra: la fotografía de unos milicianos fusilando al Sagrado Corazón del Cerro de los Ángeles daría la vuelta al mundo.

La destrucción de bienes inmuebles, muebles y artísticos alcanzó una tasación de 900 millones de pesetas, según cálculo que el ministro de Gobernación, Ramón Serrano Suñer, realizó al final de la guerra.

En medio de ese panorama, la excepción de la Virgen de Covadonga contiene elementos interesantes. La Santina fue republicana, o mejor dicho, propiedad republicana. Y, como tal, sufrió exilio, aunque retornaría, en junio-julio de 1939, en loor de multitudes y a hombros de los asturianos, en actos concurridísimos programados por la Iglesia y el nuevo régimen para reafirmación religiosa y nacional.

Pero antes los «rojos» la habían custodiado. Incluso una mano comunista nunca identificada la protegió del pillaje en la Embajada de París, donde permaneció encajonada cerca de dos años.

La historia del «exilio» y retorno de la Santina ha sido estudiada minuciosamente por el sacerdote Silverio Cerra, profesor de Filosofía, y sus últimas aportaciones están siendo recogidas en las publicaciones del Foro Covadonga, de reciente creación.

Relata Cerra que la guerra civil llegó a Covadonga el 6 de agosto de 1936, cuando jóvenes milicianos de Cangas de Onís acceden al santuario al atardecer. A partir de ese momento, los miembros del cabildo son detenidos y encarcelados, y la basílica, las dependencias capitulares y la cueva son clausuradas. La Santina permanece en su altar del camarín, el diseñado por Roberto Frassinelli -el «alemán de Corao»-, y bloqueada por las verjas de la santa cueva. A finales de septiembre se detecta que han sido robadas su corona de plata, la rosa de oro de su mano y las vestiduras de filigrana. Días después desaparece la imagen. Los robos se habían sucedido en Covadonga. Las provisiones de los hoteles, los muebles y objetos de las viviendas capitulares, las joyas donadas como ex votos al santuario y la biblioteca de la colegiata fueron objeto de rapiña. Las vestiduras sagradas y las cortinas acabaron en sastrerías de la zona, de manera que «en Cangas se comentaba de qué ornamento o cortina habrían salido ciertas cazadoras o faldas», relata Cerra.

Para entonces, la basílica de Covadonga había sido utilizada como cinematógrafo y salón de baile, y el conjunto del real sitio, como centro hospitalario. El hotel Pelayo sería clínica de infecciosos tifoideos.

No se sabe quién, pero alguien había sacado la Santina de la cueva y la había escondido en un armario ropero de dicho hotel, donde era tutelada por Marina, hija de un mecánico de Covadonga, «Julio el de los Ingleses», y responsable del departamento de lencería, detalla Silverio Cerra
Marina y su novio eran socialistas, lo que no impidió una estrecha vigilancia de la imagen. Ante el armario acude a rezar frecuentemente Ángeles López-Cuesta, esposa de Luis Laredo, médico y diputado de Izquierda Republicana, que residía en las casas de los canónigos, vivienda entonces para políticos de la República. Ángeles López-Cuesta era mujer piadosa y de las pocas personas que conocían el paradero de la Santina. Cuando visitaba la imagen con sus hijas pequeñas, rezaba manteniendo cerradas las puertas del armario, para que las niñas no se fueran después de la lengua. Un día, una de sus hijas preguntó: «¿Por qué venimos a rezar a este armario del Pelayo si tenemos tantos armarios en casa?», según recoge Cerra en sus investigaciones.
Según explica el sacerdote, la suerte de la Santina cambiará en diciembre de 1936, cuando se crea el Consejo Interprovincial de Asturias y León, bajo Belarmino Tomás, y la Consejería de Sanidad -de la que dependía Covadonga- deja de estar dirigida por miembros de Izquierda Republicana, moderados, y pasa a Ramón Fernández Posada, de las Juventudes Libertarias. Será nombrado director de Covadonga Agapito González, fontanero de Las Caldas y presidente de las Juventudes Libertarias, quien expulsa del real sitio a Laredo y familia. Ante este hecho, Ángeles López-Cuesta, temerosa por el destino de la Santina, manda aviso a Gijón al consejero de Propaganda, el profesor y escritor Antonio Ortega, conocido suyo.

Ortega encarga al escultor Goico-Aguirre -Antonio Goicoechea Aguirre- que recoja la imagen de Covadonga y la traslade a Gijón. Ortega y Goico-Aguirre se distinguirán durante la guerra civil por una decidida campaña de salvación del patrimonio artístico asturiano.

Les amparaba una disposición de la Consejería de Instrucción Pública -regida por el comunista Juan Ambou- que prohibía la apropiación o destrucción de objetos artísticos. Dicha norma establecía «la concepción materialista del arte y la extensión de la cultura, hasta hoy monopolizada, a todo el pueblo».
Goico-Aguirre viaja a Covadonga en un Ford negro. Recoge un gran paquete y lo lleva a Gijón, donde es guardado en un armario del Ateneo Obrero. Silverio Cerra juzga en este punto que no es cierta la historia de que Indalecio Prieto pidió el traslado de la Santina a la Embajada de París.
La imagen de la Virgen y otros bienes artísticos serán objeto de sendas exposiciones populares de arte en el Ateneo Obrero, en abril y mayo de 1937, organizadas por el departamento de Propaganda que dirigía Ortega. La idea ulterior era la de crear un Museo Popular de Arte acorde con los antiguos proyectos de Jovellanos.
Pero un nuevo giro iba a producirse en el destino de la Santina a medida que el frente Norte ahogaba a la Asturias frentepopulista. El Gobierno republicano de Valencia pide salvar los tesoros artísticos, y el Consejo de Asturias y León acuerda el traslado. Lo encarga a Eleuterio Quintanilla, anarcosindicalista, profesor y «santo laico» para los cenetistas, según recuerda Cerra.

En septiembre de 1937, Quintanilla sale en un barco inglés del puerto de Gijón, El Musel, con el cargamento de objetos artísticos de Asturias, Santander y parte de León. La intención era trasladarlo al territorio republicano, a Valencia, a través de Burdeos. Pero la Santina y otros objetos nunca llegarán a ese destino, sino que acabarán en la Embajada española de París.
El 1 de octubre de 1937, el IV Tabor de Regulares de Alhucemas, las Brigadas de Castilla y la V Brigada de Navarra toman Covadonga. Franco dice desde Burgos: «En este día, aniversario de mi exaltación a la Jefatura del Estado..., ha sido clavada nuestra bandera junto a la cruz de Covadonga». El real sitio comienza a recomponerse católicamente, pero la imagen de la Santina no aparece.

Pasa año y medio y la guerra civil toca a su fin. En la Ciudad de las Luces, según relato de Silverio Cerra, un hombre se dirige al claretiano Joaquín Aller, director de la Misión Española en París, y le dice: «Yo soy un comunista asturiano... Es el caso que la Santina asturiana, patrona de mi tierra, está, entre otros tesoros artísticos, almacenada en la Embajada. Ésta va a ser evacuada y yo no quiero que esta imagen tan querida sufra más ultrajes».

El claretiano le pide a aquel hombre que la esconda y éste la oculta en un pequeño hueco, junto al ascensor. Cuando en marzo de 1939 las nuevas autoridades del franquismo entran en la Embajada hallan, en medio de cajas saqueadas, una sin abrir con el letrero «Virgen de Covadonga». Nuevamente, una mano izquierdosa había intervenido en la suerte de la Santina.

Según texto recogido por Cerra, el anarquista Ramón Álvarez Palomo (Gijón, 1913-2003) dejó escrito: «Ese símbolo de la cristiandad, al margen de toda creencia y desmintiendo la ferocidad que se nos atribuye, fue puesto a salvo... por los "rojos" y custodiado por el hombre más representativo del fondo humanista del anarquismo: Eleuterio Quintanilla».

Ya lo decía la copla: «Marchóse con Quintanilla / porque ye republicana».

J. Morán

Extraído de: La Nueva España 3 de Febrero de 2007.