jueves, 16 de julio de 2009

[Uviéu y Xixón, 18 Julio] Ruta contra'l Racismu y la Represión

Uviéu, 12 hores. Concentración y rueda de prensa en la c/ Doctor Casal, frente a la librería Cervantes.
Xixón, 19 hores. Concentración en la entrada al recinto de la Semana Negra, junto al edificio de la Empresa Municipal de Aguas (Av/Príncipe de Asturias, 70).

Estas concentraciones y ruedas de prensa son convocadas por la Ruta contra'l Racismu y la Represión para denunciar la escalada represiva que se está produciendo contra el colectivo migrante, especialmente en estos últimos días en la Semana Negra donde las intervenciones policiales con confiscación de material y detenciones son varias por día, demostrado la hipocresía de esta "fiesta multicultural".

lunes, 13 de julio de 2009

"El Primero de Mayo de la crisis", Rendueles

La situación económica está reduciendo a los de abajo del proletariado al precariado

Con la regularidad de un ciclo natural, tras los desfiles procesionales de abril, comienza mayo con las marchas y pregones de la fiesta del trabajo. Ambos rituales constituyen una celebración alegórica, donde un conflicto que enfrenta grandes fuerzas -el Bien contra el Mal- se representan en imágenes que rememoran un pasado heroico. El ritual procesional, a pesar de sus connotaciones idolátricas, que lo hacen tan odioso a la piedad reformada, se adecua bien a su función mnemotécnica: le basta recordar a los creyentes la pasión y resurrección de Cristo cuyas promesas se cumplirán en la otra vida.

Quienes celebramos el Primero de Mayo lo tenemos más complicado. Debemos hacer realidad los cantos -si no queremos transformarnos en un coro de fariseos que, como dice León Felipe, «cantan como el sacristán los rezos o dicen sus versos como el cómico viejo» -no en otra vida, sino aquí y ahora. Cuando en esos cantos se expresa el deseo de que «el mundo cambie de base», «desaparezcan los reyes y tribunos» o «que el genero humano sea la internacional», esos deseos deben traducirse en realidades concretas contra la estructura bancaria, los reyes , las fronteras o en defensa de los emigrantes (los que son nada y deben ser todo).

Me imagino el tedio y la sensación de «ya visto» del periodista al que cada año su jefe ordena cubrir las manifestaciones del Primero de Mayo. Este año quizás puede pirar y adelantar los discursos que cierran la marcha, contestando al redactor jefe, como en el chiste del niño ateo que tras la misa resume a su padre la homilía sobre el pecado con «El cura no estaba de acuerdo»: los oradores hablaron de la crisis y estaban en contra . Y desde luego que bienhablado, la crisis económica está reduciendo a los de abajo del Proletariado al Precariado. Se vive en precario cuando las condiciones del mercado de trabajo individualizan al trabajador y lo separan de cualquier proyecto o seguridad colectiva. Sí el antiguo jornalero debe ofrecer al terrateniente su fuerza de trabajo cada mañana, el precario debe estar colgando de continuo su currículo en la red, compitiendo con el compañero tornado competidor, en espera de que el mercado decida si su oficio de encofrador ha quedado obsoleto aquí, y debe hacer la maleta e ir a Guinea, donde El Pocero va a reconstruir su emporio.

Pero una vez que el sufrido periodista ha escuchado de los lideres sindicales las previsibles maldiciones contra los empresarios codiciosos (a diferenciar de los emprendedores), los malos banqueros (Pessoa conoció a uno anarquista) y las llamadas a la potencia para políticos impotentes (Nacionalizar-Planificar son verbos de actuación inconjugables por ellos), puede entretenerse en separar manifestantes Apocalípticos e Integrados.

Los discursos Integrados son realistas con la situación de Indefensión de la Multitud:, huelgas, ocupaciones o sabotajes son para ellos acciones obsoletas. Los sindicalistas integrados saben que la mani del Primero de Mayo -como la fanza de la lluvia o la procesión de San Isidro contra la sequía- no influye en la crisis. Pero también creen que al juntarse las gentes clamando para que vuelva la normalidad- prosperidad capitalista, el desahogo con los vivas y mueran a coro, hace más llevadera la espera de bonanza. Para los integrados, aunque las concentraciones sean nulidades fácticas, la falsa conciencia que generan de no estar a merced de las fuerzas ciegas del mercado justifica el esfuerzo de la representación.

Los apocalípticos somos los esperanzados en que la profecía de S. Juan contra este mundo donde «los mercaderes eran príncipes de la tierra, en cuyas hechicerías todas las gentes han errado», se empieza a cumplir ahora: «Caída es, caída la Grande Babilonia». Pero la caída del mercado exige que la multitud siga su exhorto: “Salid de ella, pueblo mío, porque no seáis participantes de sus pecados». De la esperanza en que Mayo haga rebrotar esa voluntad de lucha nace mi trevimiento para actualizar el mensaje apocalíptico (tiene XX Siglos) reduciéndolo a dos acciones: 1) Si tienes ahorros en el Banco o la Caja sácalos y guárdalos debajo de la cama. Hasta el día antes del Corralito ningún argentino creía en peligro sus ahorros 2) Durante el próximo trimestre si tienes deudas o hipotecas no pagues. No te pasara nada pero Babilonia quedara anémica y tal vez, el mayo próximo la profecía será realidad.

Guillermo Rendueles

Publicado en: La Nueva España, 1 de Mayo de 2009

sábado, 11 de julio de 2009

[15-Julio] Charla-reunión con Enric Durán: Podemos vivir sin capitalismo.

Miércoles 15 de julio, a las 19h. en el local social de L'Arcu la vieya.
Organiza: L'Arcu la vieya y cambalache

Enric Duran aportará su punto de vista sobre la crisis actual y explicará las propuestas de alternativas de sociedad que se estan desarrollando en los colectivos en los que participa.
Con ello sintetizará algunos de los contenidos de las publicaciones CRISIS y PODEMOS! que se han presentado en este curso.

Hablaremos de como organizarnos para impulsar la campaña podemos vivir sin capitalismo y preparar el dia de acción del 17 de septiembre 2009.

viernes, 10 de julio de 2009

[11-Julio] Manifestación aniversariu CSOA La ReFLEXón

El 11 de Xunetu de 2008 un grupu de mozos y moces recuperaben pa su usu social l’antiguu edificiu de la Fábrica de FLEX nel barriu de La Calzada en Xixón. Dende aquella fecha, y hasta’l fatídicu 5 de Xunu nel qu’una xueza decidió que l’edificiu tenía que volver a les manes del su dueñu “llegal” pal su “usu y disfrute”, esto ye, volver a cerralu pa poder especular bien con él, desarrolláronse nel antiguu edificiu de la FLEX, rebautizáu como Centru Social Okupáu y Autoxestionáu La ReFLEXón, cantidá de talleres, charres, comedores veganos, folixes, conciertos, una pista de skate, una tienda de gratuidá…

Pero les idees nun se pueden desaloxar, y el CSOA La ReFLEXón nel exiliu sigue vivu. Ye por ello que vos convidamos a cellebrar con nós l’aniversariu de dichu proyectu, animándovos a participar con nós na manifestación que va tener llugar el prósimu sábadu, día 11, a partir de les 19 hores na Plaza l’Humedal de Xixón.

¡Nun faltéis a la cita!

miércoles, 8 de julio de 2009

Entrevista a Ramón Álvarez Palomo

– ¿Cuándo y dónde se toma la decisión de evacuar Asturias?

– Esa decisión de evacuar se toma el mismo día veinte de Octubre del 37, en el transcurso de una reunión del Consejo Soberano de Asturias y León con el Estado Mayor del Ejército del Norte. La reunión debió de comenzar sobre las once y media o las doce del mediodía, aproximadamente, en la sede del Consejo, que estaba en ese edificio que todavía se conserva y que entonces llamábamos la “Casa Blanca”. Ahí tenía su despacho oficial y su residencia Belarmino Tomás, el presidente del Consejo Soberano, y, además, estaban allí las consejerías de Industria, Marina Mercante, Pesca y Sanidad.

En esta última reunión, presidida por Belarmino Tomás, estábamos presentes todos los consejeros y el coronel Prada con su Estado Mayor. Faltaba Amador Fernández, que estaba en Francia realizando gestiones comerciales.

El coronel Prada, en su intervención, pintó la situación como estaba, en negro, y dijo que se había llegado al límite de la resistencia. La propuesta de Prada y del Estado Mayor era que si se decidía la evacuación, tenía que ser aquella misma noche, porque al día siguiente ya sería tarde; y si no había evacuación, «entonces nada -dijo-, aquí todo el mundo a poner sacos terreros por las esquinas y cada uno que se busque un sitio y un fusil o una bomba, y a participar todos en la defensa.»

A petición mía, y antes de adoptar una decisión definitiva, se suspendió la reunión del Consejo durante una hora para ir a consultar con las organizaciones que representábamos y volver con el criterio o con la confirmación de lo que en principio se había acordado. Yo, en ese momento, por olvido, despiste o lo que fuera, ignoraba que la Comisión de Guerra había adoptado ya tres días antes, el 17 de Octubre, ese principio de la evacuación si la situación se agravaba, de acuerdo con las últimas instrucciones recibidas del Gobierno de Valencia. Porque aunque unas semanas antes, el Gobierno de la República, el Ministerio de Defensa, Negrín, había dicho que a Asturias se le podía pedir un milagro, y el milagro era que resistiera; después, modificó ese criterio diciendo que, llegado el momento, convenía evacuar y salvar la mayor parte posible del valiente y heroico Ejército del Norte, que tantas pruebas había dado de su capacidad militar y de lucha, y que esos soldados salieran porque serían necesarios en otros frentes donde habría de proseguir la guerra. Y la prueba de que esto fue así, es que muchos oficiales y jefes del Ejército de Asturias, al llegar a Barcelona y a Valencia, tuvieron un ascenso simultáneo de un grado. Esto es muy importante, porque luego, el día 20, los dirigentes comunistas armaron la de dios con lo de la evacuación, queriendo, como siempre, capitalizar el heroísmo de que ellos no querían evacuar; ¡y luego, marcharon los primeros!

– ¿Qué ocurre en la reunión con el Comité regional de la CNT?

– La reunión fue breve. Aceptan el principio de la evacuación y de enviar enlaces propios a los frentes; porque también se había acordado que cada organización se ocupara de avisar a sus afines con sus propios enlaces para que, al anochecer, se volcasen sobre los puertos los más comprometidos. Eran enlaces personales, porque por teléfono, aunque funcionasen las comunicaciones, existía el peligro de las escuchas. Se utilizaron todos los medios disponibles, compañeros de confianza, gente incluso que estaba de permiso, para que los combatientes supieran que lo que les decían era verdad. Se trataba, sobre todo, de avisar a la milicia voluntaria, a los más comprometidos; pero luego, estando ya en Barcelona, supe por compañeros que hubo sitios en el frente en que no se enteraron de nada. El caso es que no teníamos ya ninguna posibilidad de comprobar si los enlaces cumplían las órdenes o no.

– ¿Cómo se desarrolla la segunda parte de la reunión del Consejo?

– Después de acordar, digamos que oficialmente, la evacuación, entonces el Consejo movilizó con especial atención a la Consejería de Marina Mercante, cuyo titular era Calleja, y a la de Pesca, que dirigía yo y que éramos los que administrábamos y controlábamos los pesqueros, que serían los que se utilizasen para la evacuación esa noche. En pesca hubo algún fallo porque se había ordenado quitar todas las tapas de las calderas para inmovilizar los barcos y, a última hora, hubo algún problema con eso, pero la mayoría estuvieron listos y se utilizaron.

Lo de quitar las tapas de las calderas fue una medida tomada unos días antes para evitar que se repitiesen casos como el del “Somo”, en el que desde Avilés huyeron a Francia medio centenar de personas muy conocidas. Estos hechos, al saberse, causaban una enorme desmoralización en la gente. Por esas fechas también se había descubierto algún que otro grupo de milicianos merodeando por los puertos con intención de marcharse en algún pesquero; a los que se sorprendió, fueron enviados inmediatamente a primera línea del frente. Fue famoso el caso de Honesto Suárez, que era un personaje muy estimado en Gijón, yo era amigo suyo; lo cogieron dentro de un barco de refugiados que estaba a punto de salir de Ribadesella y dio la disculpa de que iba a acompañar a su padre hasta Santander. Lo juzgó el Tribunal Popular y lo condenó a muerte, pero no llegaron a ejecutarle. Luego, los de Franco, también lo condenaron a muerte, y tampoco le fusilaron. Dicen que decía: «soy el único condenado a muerte dos veces que se salvó.» Después se fue a vivir a Ribadeo o Vegadeo, a ejercer allí de médico, porque era médico, oculista, y allí murió.

– ¿Qué hacen después de la reunión del Consejo?

– En lo que se refiere a mí, a Segundo Blanco, a Belarmino Tomás, a Calleja y algún otro, nos quedamos allí; Belarmino Tomás, en la Presidencia, dando la sensación de normalidad y asumiendo la responsabilidad del cargo hasta el último momento; y nosotros, dando el callo en las consejerías hasta la hora de salir; telefoneando, enviando mensajes, mandando motoristas, a Candás, aquí y allá, donde sabíamos que había surgido alguna dificultad, con el objeto de contar con la mayor cantidad posible de buques disponibles para evacuar esa noche. Esto demuestra que no es cierto lo que se escribió por ahí de que en la reunión del Consejo se había acordado esconderse hasta las cinco, para luego marchar al Musel y embarcar en el torpedero. No hubo tal acuerdo.

– ¿Cómo funcionaba la Consejería de Pesca?

– La Consejería de Pesca tenía en cada puerto una comisión, formada paritariamente por miembros de la UGT y la CNT, que se encargaba de todos los asuntos profesionales, desde la reparación de los buques a la venta del pescado. Con esos compañeros fue con los que contacté esa tarde, porque, además de ser la autoridad legal, entre comillas, eran hombres que venían de la profesión y tenían una influencia, eran más o menos escuchados por la gente a quien tenían que dirigirse. En Gijón, el delegado de la Consejería era Eustaquio Pérez, que conocía muy bien el percal, como suele decirse, y él fue el que asumió buena parte de la actividad organizativa en El Musel.

La movilización no es que fuese especialmente difícil; la dificultad estaba en superar los obstáculos que iban surgiendo, como cuando no aparecía una tapa de una caldera, o el barco no tenía combustible o no encontraban al patrón; pero en lo demás, la colaboración fue efectiva, siendo para lo que era, que iba a servir también para los que lo hacían, para escapar.

– ¿Cuánta gente estaba trabajando en la Consejería esa tarde?

– Diez o doce, todos en los que yo tenía más confianza.

– ¿Quién da la orden de partir hacia El Musel?

– Se había quedado en que, los que estábamos en el edificio del Consejo, nos avisaríamos para marchar juntos. Luego, no fue así, porque Ramonín Posada, consejero de Sanidad y que estaba allí, que era cuñado del alcalde Mallada, debieron de venir a buscarle los hermanos; y Calleja también marchó por su lado, seguramente con algún equipo de la Mercante. Así que los que al final quedábamos allí éramos Belarmino Tomás, Segundo Blanco y yo. Sobre las siete de la tarde, marchamos juntos los tres para El Musel en el coche oficial y con el chófer de Belarmino Tomás.

– ¿Cómo estaba la ciudad, había disturbios?

– La ciudad estaba tranquila y en orden. Tenía que haber ya mucha gente que supiese lo de la evacuación, pero hacían como que no lo sabían. Lo único, que ya se oía el estampido de los cañones por la parte de Villaviciosa. Nosotros, para ir al Musel en el coche, hicimos el recorrido normal: por Marqués de San Esteban y luego, hasta Cuatro Caminos, ahí giramos a la derecha y hasta El Musel, sin el más mínimo problema.

– ¿Qué escolta llevaban?

– Nada, íbamos los tres y el chófer. Yo, igual que los demás consejeros, nunca tuvimos escolta. Durante los quince meses de guerra, yo iba y venía de un lado para otro solo, sin escolta de ninguna clase. En Gijón, aunque había “quinta columna”, nunca llegaron, como en otras partes, al atentado personal.

– ¿Qué controles había a la entrada de El Musel?

– En El Musel había la vigilancia normal de cualquier puerto y cualquier día. Eso que dijeron por ahí de que se había puesto una vigilancia especial para seleccionar a la entrada, de eso, nada de nada. Y la mejor prueba la damos nosotros mismos: Belarmino Tomás, todo un presidente del Consejo Soberano, con dos consejeros, pues entramos sin más preámbulos ni consideraciones. Además, cuando llegamos nosotros, El Musel ya parecía “el Rastro”, abarrotado de gente y de coches. Empezaba a haber ya algo de barullo, gente que se enfadaba y echaba mano de aquí y de allí, y gestos, pero nada más.

Otra cosa que quiero puntualizar es referente a Belarmino Tomás. Han dicho y han escrito, que si Belarmino salió en avión, que si ya estaba dos días antes en Francia... Eso no es cierto, porque Belarmino salió de Gijón el día 20 conmigo. Belarmino no tendría muchas luces, pero sí que era un tío valiente y “echao p’alante”. Lo que ocurrió en realidad, fue que el día antes, el 19, los rusos vinieron a ofrecer a Belarmino una plaza en el avión en que iban a salir para Francia. Belarmino la rechazó y les dijo que él correría la misma suerte que el resto de los miembros del Consejo, pero que les agradecería si en ese avión podían sacar a no sé quién de su familia.

– ¿Qué hacen en El Musel?

– Hay un momento en que el coche no puede seguir avanzando por el barullo de gente. Entonces, nos bajamos los tres y Segundo Blanco dijo: «voy a mirar a ver qué encuentro por ahí», y se fue a hacer una descubierta por...

– Pero, ¿qué es, que no tenían ningún barco esperándoles?

– Nada, nada. Estuvimos allí, Belarmino Tomás y yo, esperando un rato, en el muelle, entre la gente. Se nos fueron juntando los otros consejeros que andaban por allí, hasta que volvió Segundo:

– Vení p’acá, que hay un barco ahí en el que conozco al fogonero y es de confianza -dijo Segundo cuando nos vió.

Y para allá nos fuimos todos con él. El barco resultó ser el “Abascal”, pareja del “Bayona”, de la flota del armador Ojeda. Me acuerdo que, al poco de hacerme yo cargo de la Consejería de Pesca, hice una gestión con Bilbao para recuperar barcos asturianos que estaban allí, y entre los que se recuperaron estaba el “Bayona”.

En el “Abascal”, por toda tripulación, estaba un compañero de la CNT, Arturo Loché, que era el fogonero y al que conocíamos Segundo y yo. Así que nos embarcamos los tres en el “Abascal” junto con los otros consejeros que estaban allí.

– ¿No sería, más bien, que no había ningún barco preparado porque contaban con escapar en el destructor “Císcar” hasta que lo hundió la aviación el día anterior?

– No, no, no. No es cierto tampoco que nosotros estuviésemos angustiados porque habían hundido el “Císcar”; porque, al parecer, según algunos, el “Císcar” no salió de El Musel porque se lo impidió el Consejo Soberano, con la esperanza de que ese buque nos sería útil para poder escapar. La verdad es que, efectivamente, el Consejo impidió a Valentín Fuentes, que era el jefe de las Fuerzas Navales del Cantábrico, que obedeciera la orden dada por Indalecio Prieto. Fuimos al Musel Segundo Blanco y yo para impedirlo, y trajimos a don Valentín medio como prisionero para que estuviera con nosotros. Porque todo tiene explicación cuando hay buena fe. Indalecio Prieto quería salvar el buque y todo lo que se pudiera si se perdía el Norte, porque veía el peligro de que hundieran al “Císcar”, entonces dio orden a don Valentín Fuentes de que mandara zarpar al “Císcar”, y él nos lo comunicó. Fue cuando nosotros fuimos allí a impedírselo, porque la opinión del Consejo era, no que podíamos salvarnos en el “Císcar”, sino que en cuanto el enemigo viera que desguarnecíamos de toda protección la costa, pues se darían cuenta, y si tenían un cerco, lo reforzarían, porque verían que estaban en vísperas de la huida. Es decir, que todo se explica: lo de don Valentín, que quería marchar por orden; lo de Prieto, que quería salvar el “Císcar”, y lo nuestro.

– ¿Qué ocurre cuando se embarcan en el “Abascal”?

– Cuando subimos a bordo del “Abascal”, el compañero Loché ya tenía lista la máquina y la caldera. Había poca gente a bordo, pero alguna había. Nos juntamos allí algunos miembros del Consejo, como Rafael Fernández, Antonio Ortega, y creo que Calleja; hay quien dice que estaba también Ambou, pero a mí no me lo parece. Los que seguro que estaban eran Maldonado, diputado nacional, Maximiliano Llamedo, que había sido consejero de Asistencia Social; Onofre García Tirador; Camilo Otero y Manuel Pérez Cobián, dos compañeros de la CNT que habían ejercido de policías, y otra gente de cuyo nombre no me acuerdo o que no conocía. Se fue llenando de gente, jefes del ejército, oficiales de milicias, milicianos y no milicianos... Porque allí no se pedía carta de ciudadanía ni función social ni nada: llegaban y ¡pum!, saltaban al barco y allí se quedaban.

El único fallo, no achacable a nosotros, fue que pasó lo que suele suceder en estas situaciones caóticas, que cuando estaba a medio llenar de gente, los que estaban a bordo, por prisa de escapar, empezaron: ¡vámonos!, ¡vámonos!, ¡vámonos! Así que en este barco y en otros se pudo haber llevado más gente. También ocurrió lo contrario, casos como el del “Maria-Elena”, que estaba en el Muelle, en el que se había subido tanta gente que desde dentro tuvieron que amenazar con una ametralladora para que no subieran más, porque estaban viendo que se iba a hundir el barco; y algún caso de hundimiento por exceso de pasaje creo que hubo.

– ¿El chófer que les llevó a El Musel embarcó con ustedes?

– No, no, no. Los chóferes iban y volvían a buscar otra gente, o eso decían. Al chófer mío le dije que fuera a buscar a mi hermano y a mi padre, que luego los fusilaron los de Franco, y a recoger a otros. Él, sin embargo, no quiso embarcarse, no porque fuera facha, no, sino que no quiso. Cuando vine del exilio, le encontré por ahí, Fombona se llamaba. Yo le quería mucho porque era valiente, muy decidido. Conmigo, había otros que no querían venir de chófer, porque yo estaba en la Consejería, sí, pero iba al frente, a donde sabía que había operaciones, por si había una espantada, por si había que animar a alguien, en fin, por aconsejar, por hacer acto de presencia; y Fombona siempre estaba dispuesto, nunca ponía reparos a ir a donde fuese.

Me viene a la memoria ahora una anécdota, y es que cuando estábamos ya desatracando, uno, que creo que era chófer de Amador Fernández, quiso saltar al barco y cayó al agua. Lo que ya no recuerdo es si luego lo subieron a bordo o lo recogieron de otro barco o qué pasó.

– ¿Qué rumbo y qué navegación hicieron?

– Cuando salimos del Musel era de noche, las ocho o poco más, una noche serena con la mar en calma. Se decidió que en vez de navegar hacia el Este, hacia Francia, bien arrimados a la costa, como se hacía entonces para evitar la vigilancia de los buques fascistas, pues nosotros fue al revés, tomamos el rumbo de Galicia, y cuando llegamos a una altura en que nosotros calculamos que habíamos sobrepasado el arco del bloqueo, pues entonces cortamos en ángulo recto hacia el Norte. Después, Maldonado y otros, haciendo cálculos con cuerdas y con mapas, contando con la experiencia de algún marino, nos mantuvieron navegando hasta una altura que, según sus cálculos, cortando otra vez en ángulo recto, teníamos que ir a parar a Brest, que es una gran rada con toda la costa llena de pueblos, y, efectivamente, llegamos a Brest.

Teníamos que hacer guardias; recuerdo que me decían: «tú mira en el horizonte a ver si ves humo o luz, que es lo primero que se ve», pero yo no veía nada, sólo el mar con sus ondulaciones. Una noche en que estaba de guardia, todo oscuro, no se veía nada, y de repente, un chorro de luz de una potencia enorme que nos deslumbraba; y todo el mundo: «¡meca, el “Cervera”!», «¡el “Cervera”!, “¡el “Cervera”!» Entonces, fue cuando Onofre, que llevaba un fusil ametrallador, se tira al suelo y se pone apuntando al buque de guerra. Voy yo y le digo:

– ¡Oye, Onofre!, ¿qué vas a poder tú solo con el “Cervera”? ¡Anda, no jodas!

Pero no, no era el “Cervera”, sino un destructor inglés que después se alejó. Claro, todo el mundo había salido de El Musel con el temor de que nos capturara el “Cervera” y veían al “Cervera” por todas partes.

– ¿Qué comían, dónde dormían?

– De comer, nada de nada. Yo y todos los demás estuvimos en ayunas. Había allí unos garbanzos, pero, qué, catorce garbanzos en total, así que nada. En eso fue en una de las cosas en que se notó que nadie sabía nada de nada, en que no habían metido a bordo, por lo menos, algo de comida. Y de dormir, pues no se dormía, se echaban pigazos, en la cubierta o donde se podía. Llamedo, por ejemplo, hizo todo el viaje tirado en la cubierta como una cuerda; se mareó, se puso malo; todo el viaje como un saco; no se enteró de nada hasta que llegamos a Francia.

– ¿Cuándo llegaron a Francia?

– Tardamos dos días. Salimos del Musel de noche y llegamos dos días después al anochecer. Entramos en la rada de Brest, que es enorme, y estuvimos navegando horas y horas hasta que fuimos a parar a Douarnenez, no sé si porque vieron allí un barco español o por lo que fuera. El caso es que estaba allí “Quilo el Ferreru”, Aquilino García Díaz, un buen compañero de la CNT de Gijón que había llegado de Asturias en otro barco poco antes; y cuando nos acercamos a donde estaban ellos, Quilo, a voces, empezó a preguntar por unos y por otros, y desde el “Abascal” le contestaba yo:

– Oye, ¿está Onofre?

– Sí, ta’qui- le respondía yo

– ¿Y Segundo?

– Ta’qui

– ¿Y fulano?

– Sí, ta’qui. ¿Y tú quién yes? -le pregunté.

– Quilo. ¿Ta mengano?

– Sí, ta’qui.

Y así preguntando por unos y por otros, y luego va y dice:

– ¿Y Ramonín?

– Soy el últimu, pero toy aquí -le dije yo.

Y no veas qué carcajadas los dos. Y allí nos encontramos otra vez.

Cuando desembarcamos en Douarnenez nos metieron a todos en una escuela y nos dieron comida y café. Luego, vinieron las autoridades francesas, alguien les debió informar, y sacaron a Belarmino Tomás y a Maldonado, que eran diputados, y los llevaron a un hotel. Supongo que luego ellos, en la conversación, les dirían que allí estábamos también los del Gobierno de Asturias y León, porque al amanecer nos sacaron a nosotros, a todos los que éramos consejeros y nos llevaron al hotel en el que estaban Belarmino y Maldonado. Desayunamos y en unos coches que nos proporcionaron, no sé si a través de la embajada o cómo, fuimos hasta la frontera de Port Bou, y de allí, en el tren, hasta Barcelona. Yo, en el camino, en los puntos en que me habían dicho que había consulado y que pasábamos a una hora adecuada, en Quimper, en Burdeos, pues parábamos y preguntaba por los que habían llegado de Asturias en los barcos.

Al llegar a Barcelona, después de que cada uno contactase con la organización a la que pertenecía, nos pusimos en relación con el Centro Asturiano, que hacía un poco de consulado de Asturias, y en el que estaba un gijonés, Rafael Cavo, que estaba casado con una chavala que tenía un hotel ahí, junto a la estación de Langreo, en esas casucas que tiraron hace poco. Las primeras medidas fueron para ocuparnos de la gente que había llegado de Asturias, informarnos de dónde estaban los refugios con asturianos que había por Cataluña, tratar con las instituciones que se ocupaban de ellos, en fin... Luego, a las mujeres que habían dejado el marido aquí, o en el trabajo o en el frente, se les pagaron tres o cuatro mensualidades.

Con la mercancía que teníamos allí pagada y que no había podido ser enviada a Asturias, se creó una cooperativa en el Paseo de Gracia y se repartía entre los asturianos como un suplemento al racionamiento. Recuerdo que lo último que quedó en existencia eran alpargatas, las repartimos también y luego, la gente las cambiaba por comida. En fin, se hizo lo que se pudo.

Extraído de: "¡El «Cervera» a la vista!", de Marcelino Laruelo Roa.
Encontrado en: AsturiasRepublicana.com

viernes, 3 de julio de 2009

"Octubre Asturiano UHP", de Miguel Amorós

"Nadie os ordenó ir a la revolución: la consigna era ir a la huelga"
Saborit, a los obreros de la cárcel de Oviedo.

"Los socialistas asturianos no son como los demás socialistas"
Durruti, en la cárcel Modelo de Valencia.


La insurrección obrera de Asturias de 1934 fue el prólogo de la guerra civil de 1936. Anteriormente se habían producido otras, pero la de Asturias es la primera que presupone la unidad de los proletarios y resuelve la cuestión en el combate. El problema de la unidad era fundamental para la clase obrera española y su solución parecía imposible, debido a la diferente actitud que sus organizaciones -la CNT y la UGT- mantenían con respecto a la República. Si los anarcosindicalistas se desengañaron pronto del régimen burocrático burgués, los socialistas en cambio pretendieron aprovecharse del mismo para eliminarles sindicalmente. En efecto, los socialistas promovieron una batería de leyes que consagraban la mediación estatal en los conflictos laborales, trababan el recurso a la huelga general y dejaban al margen de la ley a los cenetistas. En el parlamento votaron por las deportaciones a los huelguistas y sus gobernadores civiles metieron presos a multitud de obreros libertarios, clausurando las sedes de sus sindicatos "Únicos". La irritación de estos con la República fue tal que en tres ocasiones promovieron movimientos insurreccionales en su contra, cuyos malos resultados acarrearon la escisión del sector moderado o "treintista". La profunda división en la clase obrera entre reformistas y revolucionarios parecía que nunca iba a resolverse cuando el 19 de noviembre de 1933 los socialistas perdieron las elecciones y fueron barridos de los ministerios, hecho que determinó un cambio de postura. El triunfo de los republicanos demagogos con el apoyo de la derecha fascista indicaba claramente que la dirección de la burguesía pasaba a los sectores caciquiles y clericales. Para la CNT había quedado claro la imposibilidad de hacer la Revolución en solitario y para la UGT, que no cabía esperar una reforma significativa en el marco del parlamentarismo burgués. La izquierda socialista que se apoyaba en la sindical y en las Juventudes Socialistas proclamó que el PSOE debía prepararse para tomar el poder y forzó la ruptura de la coalición con los republicanos. Entonces comenzó a hablarse de la Alianza Obrera, pero solamente las minorías comunistas disidentes y los sindicatos escindidos de la CNT se entusiasmaron con la idea. Es comprensible, el papel de bisagra era lo único que les podía dar juego. La CNT emplazó a la UGT a manifestar públicamente sus intenciones revolucionarias pero aquella no contestó. El resultado fue que pese a la constitución de diversos Comités de Alianza Obrera, la unidad real no se produjo. La UGT jamás los promovió y dentro siempre se mantuvo pasiva. La CNT se abstuvo de entrar, con la excepción de la Regional asturiana, que ya había planteado la cuestión de la Alianza en un pleno confederal. Pero la posición pro Alianza de la Regional de Asturias no era unánime y ni siquiera mayoritaria, como se encargó el delegado de La Felguera de demostrar en el Pleno de Regionales del 23 de junio, sino que más bien reflejaba la posición del Comité Regional y de la Federación Local de Gijón. En el Pleno Regional de septiembre los cenetistas consecuentes impugnaron la Alianza por incorporar partidos políticos, idea contraria a la táctica anarcosindicalista, y por creerla una maniobra que no conducía a la Revolución Social sino al golpe de Estado. La influencia del secretario regional, José María Martínez, inclinó la balanza hacia el pactismo. Así, mientras los anarcosindicalistas del resto del Estado se pronunciaban por una alianza revolucionaria "en la calle", los asturianos firmaban con sus paisanos socialistas un pacto de alianza al que también se incorporaron las facciones comunistas. La Alianza Obrera había dejado pasar su momento cuando en junio de 1934 tuvo lugar la huelga general de campesinos. Los socialistas dejaron que el proletariado agrícola se estrellara contra el Estado sin promover ningún acto insurreccional en la ciudades, quedando incapacitado para intervenir en luchas posteriores. La indecisión del Gobierno mostrada en la represión de la huelga campesina indujo a la derecha agraria y católica a retirarle el apoyo. Entonces se desencadenó la serie de sucesos que condujeron a la Revolución de Octubre.

Si las derechas cavernícolas ocupaban carteras en el nuevo Gobierno republicano significaba que el capitalismo español se inclinaba definitivamente por la vía autoritaria. El triunfo de la reacción sería completo. La alternativa que venían planteando los anarquistas desde 1931, "Fascismo o Revolución Social", se revelaba más verdad que nunca. El proletariado no podía ponerse en pie más que sobre una base y con una única bandera: la destrucción del sistema capitalista y la supresión del Estado como organismo burgués de regulación de la convivencia social. Efectivamente el día 4 de octubre de 1934, el encargado de forma gobierno, Lerroux, anunció la presencia de tres ministros de la CEDA ocupando las carteras de Trabajo, Justicia y Agricultura. Los socialistas -no la Alianza Obrera- impartieron la orden de huelga general con el propósito de impedir la consolidación del nuevo gobierno y provocar elecciones. No sólo no esperaron a que la CNT tratase la cuestión de la Alianza como tenía previsto, sino que la dejaron al margen; es más, en Cataluña, donde el objetivo se limitaba a la implantación de una república burguesa independiente, la CNT fue perseguida por la Generalitat para impedir que se sumase al movimiento. Sin la CNT éste se desfondó en muy poco tiempo. Allá donde más fuertes eran los socialistas caballeristas, en Madrid, el movimiento fracasó a las primeras de cambio. Sin embargo, en Asturias, pese a las consignas contrarias, la huelga general derivó casi inimediatamente en insurrección revolucionaria.

El día 5, en numerosos pueblos de la cuenca minera los obreros se procuraron armas, asaltaron los cuarteles de la guardia civil y se enfrentaron a la guardia de asalto de Oviedo. En Mieres, en Trubia, Sama, Ciaño, Siero, Quirós, Cabañaquinta, Turón, Riosa, Proaza, Morcín, Figaredo, Laviana, Pola de Lena, etc., después de librar fieros combates y poner a buen recaudo a los prisioneros, se constituyeron Comités Revolucionarios con el objeto de normalizar la vida ciudadana y enviar grupos armados a combatir a Oviedo. Los de Mieres libraron un combate victorioso contra las tropas del Gobierno cerca de Olloniego. A los anarquistas de La Felguera, opuestos a la Alianza, nadie les pasó la orden, pero una confidencia personal les puso sobre aviso y salieron a la calle como todos, asaltando el cuartel de la guardia civil y partiendo a pelear en Campomanes y El Berrón. Su santo y seña era "FAI". En Gijón, centro del anarcosindicalismo asturiano, los obreros no se decidían al levantamiento por carencia absoluta de armas. Lo mismo pasaba en Avilés. El secretario regional de la CNT, José María Martínez, fue varias veces a Oviedo desesperadamente en busca de armas que no pudo conseguir. Oviedo, donde estaba el Comité Provincial, la máxima autoridad revolucionaria, absorbía todas las fuerzas y recursos, no permitiendo desviar nada hacia otra parte, cosa que debía resultar fatal pues impidió la conquista de puntos estratégicos como Llanera y el puerto de Musel, y acarreó la pérdida temprana de importante plazas como Gijón y Avilés.
El día 6 los mineros se apoderaron de la fábrica de dinamita de La Manjoya y entraron en Oviedo. También cayó la fábrica de armas de Trubia, proporcionando a los insurrectos cañones, aunque con proyectiles sin espoleta. Una columna del Gobierno mandada por el general Bosch llegó desde León por el puerto de Pajares, olvidado por los insurrectos, pero fue detenida en Campomanes. En Mieres los mineros fabricaron bombas y camiones blindados; también los metalúrgicos de La Felguera, los únicos en enviar refuerzos a Gijón. Desde Grado, Riosa, Villanueva, Traverga, etc., municipios parcialmente agrícolas, llegaban alimentos para Oviedo y otras poblaciones. Las mujeres se incorporaron a la lucha. En Sama los mineros lograron vencer la resistencia de un destacamento de guardias de asalto y su Comité envió gente a Mieres, convertida en el centro de la insurrección. Allí afluían los grupos y salían hacia los diversos frentes, fundamentalmente dos: Campomanes y Oviedo.

El día 7 ya hay varios hospitalillos instalados en la zona minera y en Oviedo para atender a los heridos. Las mujeres organizan cocinas de campaña para dar de comer a los combatientes. Los Comités tratan de impedir los actos de pillaje a la vez que organizan el orden revolucionario. La propiedad y el dinero quedan abolidos; todos los bienes; todos los bienes son declarados comunes. De los Comités emanan Comités de Guerra para reclutar luchadores y distribuir armamento, Comités de Sanidad, Comités de Transporte... Se practican algunas detenciones, se controla el comercio con vales y libretas y se efectúan requisas de vehículos, ropa y escopetas. En algunos lugares los Comités de Abastecimiento organizarán comedores populares y los Comités de Trabajo mantendrán las fábricas y minas en funcionamiento al servicio de la Revolución. En Oviedo el centro de la ciudad resiste a pesar de la dinamita y en Gijón los obreros tratan en vano de armarse y de apoderarse de la ciudad.
La derecha reaccionaria, que se venía preparando de antiguo, había recurrido a los generales africanistas, el grupo de presión militar más corrupto y más retrogrado, pero también el de menos escrúpulos a la hora de reprimir. El general Franco, instalado en el Ministerio de Guerra, ordena el despliegue de tropas en Asturias, embarcando en Marruecos a los batallones de choque a las órdenes de su amigo Yagüe, que se hallaba apartado del mando.
El día 10, Avilés y Gijón caen en poder del Gobierno. En gijón las tropas africanas pasan a los obreros a cuchillo. Ese el primer indicio de que la represión va a ser implacable. Los supervivientes se hacen fuertes en los pueblos de la carretera a Oviedo y dificultan el avance de las tropas. A la cabeza de esa resistencia desesperada está José María Martínez. La escasez de municiones impide que las ametralladoras entren en acción. Se hace frente al enemigo sólo con dinamita. Acaba de llegar por Pajares un regimiento de artillería y sus obuses paralizan las líneas obreras. En Oviedo se combate alrededor de la cárcel, la Catedral y el cuartel de Pelayo.

El día 11 la situación se agrava. A los obreros del frente de Campomanes se les acaban las balas. A duras penas consiguen algunas cajas de Trubia y Oviedo. Una nube de aeroplanos sobrevuela Asturias arrojando bombas, periódicos reaccionarios y metralla. El Comité Provincial de Oviedo llega a la conclusión de que todo está perdido y ordena abandonar la lucha, informando del acuerdo a algunos comités. La desaparición de los Comités no arrastra a la de los combatientes que deciden continuar la lucha solos. Alguno de los desaparecidos reaparece y se forman nuevos Comités. Las posiciones abandonadas se recuperan de nuevo. Muchos ni siquiera se han enterado. Otros prefieren morir con las armas en la mano a huir.
El día 12 aparece el cadáver de José María Martínez con un balazo en el pecho. Bonifacio Martín, viejo dirigente socialista que resistía en Lugones a los gubernamentales, ha sido pasado a la bayoneta. Mueren dos de los principales responsables del Comité Provincial y de la Alianza Obrera asturiana. López Ochoa avanza parapetándose con cadenas de prisioneros obligados a caminar delante de la tropa. Por la tarde, entra en Oviedo. La mayoría de los prisioneros son asesinados en el acto o mandados al cuartel de Pelayo para ser fusilados. En la represión se distinguen los legionarios y los moros, que además de matar y mutilar a los prisioneros, incendia, saquean y violan. No son tropas aguerridas, pero los obreros no les pueden hacer frente desarmados. Los fusiles no sirven sin balas. Los obreros recogen las cápsulas cada vez que disparan para recuperar pero la medida no sirve de mucho. El frente se desplaza al El Berrón donde luchan los de La Felguera; los combatientes de Oviedo instalan su cuartel general en Las Cruces. Un nuevo Comité Provincial o Regional se constituye en Sama y cambia la consigna UHP por la de "PRP" (¿Partido Revolucionario del Proletariado?). Los anarquistas se comprometen a acatar sus decisiones pero rehúsan participar en él. No están de acuerdo con sus manera autoritarias y sus manifiestos sectarios con vivas a la dictadura del proletariado y al ejército rojo, porque son enemigos de cualquier dictadura y de cualquier ejército. Los comunistas aumentan su presencia en los nuevos comités con el fin de desacreditar a los socialistas y aparecer ellos como los verdaderos dirigentes de la insurrección. Una vez hecha la maniobra, no manifiestan gran interés en seguir luchando. Principalmente por eso los nuevos Comités de Sama y Mieres abandonan sus puestos, pero el de Pola de Lena, donde no hay comunistas, no deserta y mantiene el frente en Vega del Ciego. En los lugares donde no hay estados mayores ni ínfulas de ejército proletario, se lucha con más coraje y mayor eficacia.

El día 14 se continúa combatiendo en los alrededores de Oviedo bajo un intenso bombardeo. Cuando los aviones se retiran en busca de más bombas los avances del Tercio son detenidos y los legionarios son obligados a retroceder con relativa facilidad. A pesar de las atrocidades de las tropas los Comités no permiten represalias contra los prisioneros. Los obreros constatan con tristeza que están aislados y sin munición, a merced de fuerzas bien armadas cada vez más numerosas. comprenden que proseguir la lucha es un suicidio. Para el día 15 los frentes están paralizados por falta de cartuchos. Sólo queda dinamita. El día 16 los soldados toman Trubia y la fábrica de La Manjoya, y bombardean Pola de Lena con la artillería. El día 17 el Comité Regional de Sama se reúne con delegados de todos los Comités que quedan y acuerdan detener la lucha y utilizar la mediación de un teniente de la Guardia Civil prisionero. El fortín del monte Naranco, último reducto revolucionario en Oviedo, ha sido conquistado. Su única defensora viva, la joven de 16 años Aída Lafuente, prefiere sucumbir a rendirse. Al día siguiente los revolucionarios acuerdan dejar de hostigar a las tropas, liberar a sus prisioneros y entregar las armas a cambio de que sus vidas se respeten y de que las fuerzas del Tercio y Regulares no entre en la cuenca minera. El día 19 transcurre entre discusiones. Muchos obreros se niegan a rendirse y escapan al monte. Los que se consideran más comprometidos tratan de salvarse escondiéndose o huyendo. La Revolución ha costado mil vidas a los obreros por 300 de sus enemigos.

López Ochoa cumplirá su parte a medias. El periodista liberal Luis de Sirval fue asesinado por un capitán del Tercio descontento con sus reportajes. La información veraz tendrá su mártir. En el frente de Campomaness ocho heridos serán enterrados vivos. Y veintisiete trabajadores presos fueron sacados de sus celdas y torturados hasta la muerte. Sus cadáveres destrozados fueron encontrados en las escombreras de Carbayín. El día 24 llega el comandante de la Guardia Civil Doval, enviado por el Gobierno para dirigir la represión policial. La tortura en las comisarías y en las cárceles se pondrá a la orden del día. Cerca de cuarenta mil obreros irán a presidio en Asturias y en el resto del país. Los locales de las organizaciones obreras fueron clausurados y su prensa prohibida. Hubo varias condenas de muerte y algunas ejecuciones. Los obreros se habían enfrentado con éxito durante dos semanas a un enemigo infinitamente superior en número y en armas, demostrando el valor real del ejército español en manos de generales fascistas. Participaron 50.000 trabajadores en la insurrección, pero aunque dispusieron de 24.000 fusiles, sólo hubo municion para unos cuantos centenares. Enfrente tuvieron al ejército de África y a unos cuantos regimientos, sumando en total 26.000 soldados.

Las consecuencias de la Revolución de Asturias se hicieron notar en los acontecimientos posteriores. La derecha radical-cedista comprendía que para gobernar tendría que apoyarse en el Ejército. A fin de preparar un ejército gendarme a prueba de insurrecciones obreras, los militares más reaccionarios como Fanjul, Goded, Varela, Mola, el antiguo Director General de Seguridad bajo la Monarquía, fueron rehabilitados y ascendidos por Gil Robles, extremista de derechas que en mayo de 1935 llegó al Ministerio de la Guerra. Franco fue nombrado jefe del Alto Estado Mayor. Por su parte las dos facciones socialistas acentuaron su división y se enzarzaron en una lucha de poder. Los dirigentes de la UGT adoptaron un lenguaje maximalista pero puramente retórico. Solo la FTT, el sindicato socialista de los jornaleros, se radicalizó de verdad. La izquierda socialista rechazó la responsabilidad en los hechos de Octubre, brindando la oportunidad al PCE de reivindicar la insurrección como cosa suya y acaparar protagonismo postizo. El centro socialista de Prieto renunció definitivamente a los métodos revolucionarios y trató de repetir la coalición anterior con los republicanos, pero la izquierda socialista de Largo Caballero transformó esa iniciativa en un frente político y social que englobaba a los comunistas, a los pestañistas y al POUM. La invocación de Asturias sirvió esta vez para exhortar al proletariado a votar por el Frente Popular. La CNT no hizo campaña de abstención, como en las otras veces y recibió con los brazos abiertos a los escindidos. La UGT absorbió a los sindicatos que no quisieron volver al seno de la Confederación y a pequeñas centrales comunistas como la CGTU y la FOUS. La CNT proclamó en su congreso de Zaragoza la necesidad perentoria de una alianza con la UGT. Desgraciadamente dicha alianza, inicialmente materializada tras el 19 de Julio en colectivizaciones conjuntas o en comités de control obrero, se intentaría llevar a cabo por pactos entre burocracias amparados por el Estado, con lo que la unidad de la clase obrera se convertiría en un tópico ideológico sin contenido revolucionario y la Revolución Social se perdería de nuevo.

Octubre asturiano UHP es un artículo de Miguel Amorós extraído del libro Desde abajo y desde afuera Editorial Brulot 2007.
Encontrado en: Ejército Negro

miércoles, 1 de julio de 2009

De un cachorro de "La Naval"

Este era mi barrio cuando los yonquis eran yonquis,cuando los luchadores eran luchadores y los izquierdistas aun no habían perdido el norte.
Este es mi barrio,nací en él y se fué diluyendo en una gota de líquido hormigón que fue sembrando la desesperanza y el "No Future" a todas,todas.

Este era mi Gijón,sin playas ni barcos artificiales rodeado de industrias cargadas de futuro para muchos hijos de los que lucharon contra el conformismo,contra la ignorancia y contra los intereses de los especuladores.
Este era mi barrio, ¿nostalgia dices?, ¿qué es solo Nostalgia lo que siento?.Tú,desde tu sillón aun crees que te puedes permitir juicios de valor cuando nuestros padres se jugaban la piel en las barricadas,cuando nuestras madres se morían de los nervios y escuchaban la radio para ver quien era el próximo detenido,el próximo herido.

Desde que tengo uso de razón distingo el humo de barricada del de un incendio aislado,desde que tengo uso de razón distingo el ruido de los voladores de los botes de humo.
Recuerdas cuando cargaban sus bocachas con trozos de metal,recuerdas cuando las oías silbar a un palmo de tus oídos,o de tu cabeza.
Recuerdas cuando un policía antidisturbios era capaz de dispararte a la cabeza,o al estómago ya fuese con una pelota o un bote de humo,o un trozo de metal.
Hemos tenido mucha suerte y los heridos no han sido muertos por un astillero y una industria que hoy se muere y nos deja desheredados.Cuando tendrían que haber sido los políticos los que defendiesen a muerte nuestro futuro.

¿De que nos sirven estos guiñapos que han permitido que nos deshereden?
¿Que es rencor lo que siento?

Es fácil desde la supuesta paz y bienestar que se respira en estos tiempos en los que solo se fragua el desamor,la desilusión.Vuestro bienestar ha sido nuestro malestar continuo.
Es rabia,evoca una sola de estas imágenes y sabrás lo que es rabia.
La brutal violencia con la que se emplearon y se empapelaron nuestros sueños.
Que somos una generación de enfadados..
NO,somos una generación desheredada,desesperada.
Hemos aprendido a luchar con los mejores,con los imprescindibles de su generación,hemos aprendido a sentir lo que era la solidaridad,la lealtad en carne y hueso.
Nuestra lección,vuestra lección lucha,dignidad y resistencia...

Tenemos que ser optimistas algún día los muertos despertarán de sus tumbas de hormigón,y la rabia de los desheredados volverá hacer temblar a más de un político dictatorial,o empresario.Trevín no te relajes demasiado Napaleón no lo hubiese hecho mejor pero todos los dioses tienen los días contados en la tierra de los mortales.

Por todos,para todas... Para Balbino,Cándido,Morala,Vitorino,el Bola,Solares(ya fallecido),el Chinga,Arandeles,Camacho,Gonzalín... y esa lista irreductible de impresentables y pícaros revolucionarios.
Para mi madre,Piedad y todas las madres que han soportado la carga de los que se pueden permitir el lujo de desarrollarse como personas,como mujeres u hombres libres.

Nosotros,nosotras solo hemos pedido vivir,desarrollarnos como los demás. Vuestra respuesta ha sido la violencia,el miedo,la represión y una constante ignorancia en vez de la comprensión de un estado que debería aprender a tutelar a todas las personas que lo hacen posible.
Quizás solo quizás si os hubieseís puesto en nuestro lugar las barricadas solo hubieran sido un incendio aislado.

Ahora permitánnos soñar de nuevo desde un mar de industras ya fallecidas un futuro cargado de futuro.

Un saludo eterno.